jueves, 26 de marzo de 2020

22.- Juan Pablo II y Ernesto Cardenal

Yo también simpaticé con la Revolución Sandinista. Por ello un amigo sacerdote y yo viajamos a Nicaragua en el verano de 1988. Yo me hospedé en Ocotal y mi amigo siguió hasta Quilalí, una ciudad mucho más peligrosa en ese momento por estar amenazada por la Contra, financiada por el gobierno estadounidense a través de la CIA, bajo la presidencia de Ronald Reagan. Durante ese tiempo trabajé como cooperante en un centro para niños abandonados en Mozonte. Tenían un taller de cerámica y un par de hornos muy sofisticados donados por Alemania. Un error. Un aparato sofisticado requiere un servicio técnico del que los países pobres carecen, por ello cuando uno de los hornos se estropeaba, venía Juansito con un destornillador y desconectaba el miniordenador adosado al horno, cuya función era regular el ascenso y descenso de la temperatura según el tipo de cocción deseado.

En Ocotal había un asilo donde los ancianos estaban muy bien cuidados. Allí conocí a un viejito muy pulcro, de cabello y barba blanca, que había luchado con Augusto César Sandino, que era masón, igual que Anastasio Somoza García, alias Tacho, el que ordenó su asesinato al capitán Delgadillo, ya que un masón no puede matar a otro masón. En esos días entró una caravana de camiones con ayuda humanitaria financiada por Paul Newman. Las iniciativas sociales y cooperativas eran muchas y bien organizadas dentro de las posibilidades de un país empobrecido por el imperialismo estadounidense, que era el que ponía y quitaba presidentes y explotaba al país a través de sus empresas y de una clase política rendida a sus pies y enriquecida a base de explotar salvajemente a los pobres pagándoles una miseria.  

En 1988 había tres sacerdotes ministros en el gobierno sandinista: Ernesto Cardenal (ministro de Cultura), Fernando Cardenal (hermano del anterior, ministro de Educación) y Miguel D'Escoto (ministro de Relaciones Exteriores), los tres adscritos a la Teología de la Liberación y promotores de importantes iniciativas a favor de los más pobres de un país explotado donde la inmensa mayoría vivía en la miseria.

En ese momento era prácticamente imposible prever la deriva totalitaria del presidente Daniel Ortega y de la cúpula sandinista, que optaron por el enriquecimiento personal y abandonaron sus utopías sociales, pasando a ser tan dictadores como el clan Somoza. 

Es verdad que en las comunidades eclesiales de base (CEB) se leían y debatían las obras de Marx, Engels y Lenin desde los tiempos de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, alias Tachito, derrocado por la Revolución y asesinado el 17 de septiembre de 1980 en Asunción (Paraguay). En las paredes de las casas (muy pobres) de los cristianos de base, junto a las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen María y algunos santos, figuraba también la foto enmarcada de Marx, Engels y Lenin. Es verdad que los teólogos de la liberación propiciaron en Nicaragua una especie de sincretismo cristiano-marxista.

Ernesto Cardenal abandonó el Frente Sandinista en 1994 por su desacuerdo con la deriva totalitaria de Daniel Ortega. Por esa misma época también lo hicieron Gioconda Belli y Sergio Ramírez Mercado, ambos escritores de fama reconocida y anteriormente comprometidos con la política sandinista que más tarde desacreditaron Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo.

La Revolución Sandinista fue en su momento la única alternativa posible a la brutal explotación de la dinastía Somoza sobre el pueblo nicaragüense. ¿Tenía razón Juan Pablo II cuando abroncó públicamente, ante las televisiones de todo el mundo, a un Ernesto Cardenal arrodillado para pedir su bendición, el 4 de marzo de 1983? No, desde luego, en la forma en que lo hizo, con un gesto autoritario que dio la vuelta al mundo. Pudo haberle citado y amonestarle en privado, dándole la oportunidad de defenderse, aunque por las exigencias de su apretada agenda el encuentro fuese de tan solo unos minutos. Hubo por parte de Karol Wojtyla una manifiesta falta de caridad y un no menos manifiesto abuso de poder ante un sacerdote arrodillado a sus pies, enfocado por las cámaras de televisión de las principales agencias informativas del planeta.  

martes, 24 de marzo de 2020

21.- Juan Pablo II nunca vivió en democracia

El papa polaco nunca tuvo la experiencia de lo que es vivir en democracia, no porque esta forma de organización social sea perfecta, sino porque es la menos imperfecta de cuantas existen en la actualidad. No conozco el caso de nadie en su sano juicio que huya de un país democrático a un país totalitario, pero sí lo contrario. La gente necesita vivir en libertad, aunque esta no sea perfecta ni esté exenta de contradicciones.

Karol Wojtyla nació el 18 de mayo de 1920 en Wadowice, un pueblo pequeño en el sur de Polonia, a 50 kilómetros de Cracovia. En septiembre de 1939, cuando los nazis invadieron Polonia, tuvo que trabajar en una cantera para evitar que lo deportaran a Alemania. Fichado por la Gestapo, tuvo que esconderse en una buhardilla de Cracovia. Toda su intensa vida cultural, sobre todo el teatro, tuvo que vivirla en la clandestinidad. Más tarde se refugió en los sótanos del arzobispado de Cracovia.

Su vida fue emocionante debido a las enormes dificultades que tuvo que pasar como sacerdote, obispo, arzobispo y cardenal en una Polonia invadida primero por los nazis y después por los comunistas. Karol conoció el totalitarismo no por los libros o los medios de comunicación, sino en persona, teniendo que ingresar en 1943 en el seminario clandestino fundado por el cardenal arzobispo de Cracovia, monseñor Adam Stefan Sapieha, el mismo que lo ordenó sacerdote el 1 de noviembre de 1946 en la capilla privada del arzobispado.

En 1945, cuando los soviéticos entraron en Cracovia, fue descubierto junto con 18 seminaristas más. Todos fueron enviados a Siberia, menos él, que fue retenido por el comandante Sirotenko por su utilidad al dominar varios idiomas: italiano, alemán, inglés, español, portugués, ruso, latín, griego clásico y, por supuesto, polaco.

Su anticomunismo tiene su origen en su propia experiencia vital en un país profundamente católico dominado por una ideología fanáticamente atea y anticristiana. Si nunca vivió en democracia, es normal que su personalidad estuviese marcada por el sesgo dictatorial bajo el que vivió hasta ser nombrado papa. En cualquier caso, la Ciudad del Vaticano, donde vivió casi 27 años, no parece el estado ideal para aprender a vivir en democracia. Este hecho explicará, pero no excusará, muchas de sus decisiones y actitudes como sumo pontífice.

20.- Juan Pablo II fue un líder de masas

Juan Pablo II fue un líder carismático capaz de congregar multitudes tanto en la plaza de San Pedro como en sus 104 viajes a más de 60 países. Ha sido aclamado con eslóganes de entusiasmo por las multitudes de habla hispana tales como "¡Juan Pablo II, te quiere todo el mundo!" o " ¡Se siente, se siente, el Papa está presente!". En 2005, con motivo de su funeral, la multitud gritó en italiano "¡Santo subito!" (santo ya) para pedir su inmediata canonización. Karol Wojtyla era capaz de entusiasmar a las masas y creo que lo hacía sinceramente, que su propio entusiasmo era contagioso y no tenía nada de fingido, pues era un hombre de una gran fortaleza física, mental y espiritual.

Tenemos aquí un primer punto para comprender muchas de las contradicciones de este Papa aclamado por las multitudes, pero cuestionado por personas de una sólida formación intelectual, tanto creyentes como no creyentes. Y es que la adhesión de las masas no es un criterio de integridad ni de santidad. Las masas son crédulas, sugestionables, manipulables, impulsivas, ingenuas, carecen de discernimiento o de conciencia crítica y pueden llegar a ser intolerantes, dictatoriales y destructivas. Como dice Gustave Le Bon en su "Psicología de las masas":

«La masa psicológica es un ser provisorio formado por elementos heterogéneos que se combinan por un momento, exactamente como las células que constituyen un cuerpo viviente forman por su reunión un nuevo ser que exhibe características muy diferentes de las que posee cada célula en forma individual».

Las mismas (o casi las mismas) masas que aclamaron a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén fueran las que poco después exigieron su crucifixión:

La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?». La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea». (Mateo 21,8-11)

Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?». Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo». Pilato les dijo: «Pues ¿qué mal ha hecho?». Ellos gritaron más fuerte: «Crucifícalo». Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. (Marcos 15,12-15)

Las masas son sumisas, devotas y obedientes o rebeldes y destructivas, pero nunca reflexivas, inteligentes ni responsables. La historia de la humanidad está llena de nombres de individuos que la hicieron progresar, pero las masas ocupan muy poco lugar en la historia del progreso humano. Las masas pueden manifestar y apoyar una buena causa o movilizarse para destruir, aplastar o asesinar a quienes consideran sus enemigos. Las masas lo mismo se entusiasman a favor lo que consideran una buena causa que se enfurecen en contra de aquellos que las explotan o perjudican.

Por lo tanto, queda claro que el hecho de que Karol Wojtyla fuera un líder de masas, no lo convierte sin más en una persona incuestionable desde ningún punto de vista. 

martes, 17 de marzo de 2020

19.- Cisma afectivo y cisma jurídico

¿Puede existir un cisma real sin cisma formal? Sí. De hecho el cisma real ya existe dentro de la Iglesia católica. Hoy en día la separación teológica, doctrinal, pastoral y afectiva es una realidad innegable. Pero los cismas no surgen de la nada, como por arte de magia, sino que tienen antecedentes a veces muy lejanos.

Pío X y la cruzada antimodernista

Las tensiones se inician en el siglo XIX con la aparición del "modernismo teológico" que Pío X definió como «el conjunto de todas las herejías» (Pascendi, 38) y cuyos "venenosos errores" condenó con extrema dureza en la citada encíclica, publicada el 8 de septiembre de 1907, que cuenta con ataques muy directos a los laicos y a la democracia:  

«Andan clamando que el régimen de la Iglesia se ha de reformar en todos sus aspectos, pero principalmente en el disciplinar y dogmático, y, por lo tanto, que se ha de armonizar interior y exteriormente con lo que llaman conciencia moderna, que íntegramente tiende a la democracia; por lo cual, se debe conceder al clero inferior y a los mismos laicos cierta intervención en el gobierno y se ha de repartir la autoridad, demasiado concentrada y centralizada». (Pascendi, 37)

Una de las víctimas de la cruzada antimodernista de Pío X fue Giorgio Montini, padre de Giovanni Battista Montini, que más tarde sería elegido papa con el nombre de Pablo VI. Giorgio Montini era abogado, periodista, director de la Acción Católica y miembro del Parlamento de Italia. Los violentos e infundados ataques de los antimodernistas lo dejaron en la ruina, hasta el punto de que su hijo, el futuro papa, tuvo que interrumpir sus estudios de sacerdocio durante un año. No es de extrañar que cuando Montini hijo fue nombrado por Pío XII arzobispo de Milán, pronto fuese conocido como el «arzobispo de los pobres» por su declarada simpatía hacia la causa de los trabajadores, cuyas fábricas solía visitar.

El concilio Vaticano II

El concilio Vaticano II fue la gota que colmó el vaso al afirmar que la Iglesia de Cristo "subsiste" en la Iglesia católica (Lumen gentium, 8). Lo que supone admitir y proclamar solemnemente que fuera de la Iglesia se encuentran "muchos elementos de santificación y de verdad". Muchos quisieran que en vez de "subsiste" dijese "es", pero eso sería negar la verdad y la santidad que se dan en otras iglesias cristianas e incluso en doctrinas y prácticas espirituales no cristianas, como el budismo, la enseñanza espiritual mejor aceptada en Occidente.

El papa Francisco

El papa Francisco nunca fue visto con buenos ojos por quienes no quieren que nada cambie y que la vida de la Iglesia siga girando alrededor del dogma, el magisterio y todo un conjunto de prácticas piadosas, devociones, rezos a santos y beatos, preces, coronillas, rosarios, novenas y funerales. Los que buscan una relación personal con Jesús, lo tienen muy difícil porque permanece prácticamente oculto bajo el peso de toneladas de normas, prácticas piadosas y tradiciones humanas que hacen prácticamente imposible el acceso a Dios a través de su Hijo Jesucristo.

Cisma afectivo

Según todos los especialistas en eclesiología, a partir del concilio Vaticano II se ha creado una división entre los que aceptamos el contenido y los resultados del Concilio y los que lo rechazan por considerar que ha traicionado la tradición de la Iglesia e introducido una serie de cambios inadmisibles a fin de adaptarse a la sociedad actual. Con el papa Francisco, la división se ha acentuado y son muchos los que a través de ciertas webs manifiestan abiertamente su desacuerdo con este pontificado e incluso consideran a Francisco como un papa hereje por ir contra la doctrina y las tradiciones seculares de la Iglesia. Esta división de fondo, no consumada jurídicamente, es lo que se llama cisma afectivo.

Cisma jurídico

En el caso de que esta división se consumase y las dos tendencias, que podríamos llamar evangélica y dogmática, llegasen a una separación real, tendríamos lo que se llama un cisma jurídico, tal como ocurrió en 1054 con el Gran Cisma de Oriente y Occidente. Ese año el obispo de Roma, el papa León IX, y el Patriarca de Constantinopla, Miguel Cerulario, se excomulgaron mutuamente. Este enfrentamiento de autoridades comportó la separación de la cristiandad occidental, que reconocía la autoridad de Roma, de la oriental, con sede en Constantinopla, dando lugar a la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa, que continúan separadas hasta hoy.

Las dos tendencias

Las dos tendencias enfrentadas hoy en día, tal como yo lo veo, son, en primer lugar, los que basan su fe católica en la fidelidad al Dogma y el Magisterio, sobre todo el magisterio anterior al concilio Vaticano II, y, en segundo lugar, los que creemos que la crisis por la que está pasando la Iglesia sólo se soluciona por una vuelta a Jesús y su Evangelio, dejando en un segundo plano las toneladas y toneladas de tradiciones que se han ido acumulando a través de los siglos y que hoy se han convertido más en una carga que en una ayuda.

Resumiendo, yo hablaría de una tendencia evangélica, centrada en la vida y el mensaje de Jesús y su anuncio del Reino de Dios a los pobres (sin excluir a los ricos), y una tendencia dogmática basada en la fidelidad a la Tradición que se centra, sobre todo, en los dogmas, el magisterio, la infalibilidad papal, la inerrancia bíblica y la infalibilidad de todas las beatificaciones y canonizaciones que han tenido lugar hasta hoy, a pesar de las irregularidades que se han producido en alguna de las más recientes. 

18.- ¿Qué cismas hubo en la Iglesia?

En el siglo IV fue el donatismo, que se inició en Numidia (la actual Argelia), y fue promovido por Donato, obispo de Cartago. El nestorianismo fue promovido por un monje llamado Nestorio, sirio, del siglo V, que murió en el desierto de Libia entre 440 y 451. El nestorianismo se extendió desde la India hasta Siberia y actualmente subsisten algunas congregaciones en Oriente. El monofisismo, que apareció en el siglo IV, sostiene que en Jesús solo está presente la naturaleza divina, pero no la humana. Subsiste en la actualidad en Iglesia ortodoxa de India y la Iglesia copta, en Egipto, que tiene su propio papa, Teodoro II.

Mucho más importante fue el cisma de Oriente y Occidente (año 1054). Ese año el papa de Roma, León IX, y el patriarca de Constantinopla, Miguel I Cerulario, se excomulgaron mutuamente, dando lugar a dos iglesias separadas e independientes, la católica y la ortodoxa. Ambas reivindican la exclusividad de la fórmula: «Una, Santa, Católica y Apostólica», considerándose cada una como la única heredera legítima de la Iglesia primitiva.

En la Reforma protestante se mezclaron al menos cuatro cosas: el cisma, la herejía, la política y la imprenta moderna. Obviamente no me puedo extender en cada una de ellas. 1º Hubo cisma porque Lutero se separó formalmente de la Iglesia católica al negar la autoridad del Papa. 2º Las herejías de Lutero están todas contenidas en «Las noventa y cinco tesis», cuyo título en castellano es «Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias», siendo la más importante la negación de la autoridad pontificia. 3º Hubo clarísimos intereses políticos por parte de ambos bandos, papistas y reformistas. 4º La imprenta moderna jugó un papel decisivo al permitir la edición y publicación de cientos y después miles de biblias que antes eran laboriosa y pacientemente manuscritas.

Movimientos cismáticos actuales

a) La Fraternidad Sacerdotal San Pío X es el más conocido. La FSSPX es una sociedad internacional de sacerdotes católicos tradicionalistas. Fue fundada en noviembre de 1970 en torno a Marcel Lefebvre, un arzobispo francés conocido por su oposición al «rumbo modernista y protestantizante» tomado por la Iglesia católica después al Concilio Vaticano II (1962-1965). Rechazan la «misa nueva» y celebran la «misa tridentina» o misa de san Pío V, que estuvo vigente desde 1570 a 1962.

b) El sedevacantismo (de «sede vacante») constituye un cisma no consumado, ya que carecen de un líder que los aglutine y represente. Por otra parte, en este movimiento existe una evidente desunión entre los grupos que lo componen motivada por cuestiones teológicas, canónicas y sacramentales. Los sedevacantistas se organizan en congregaciones, uniones pías o ministerios independientes, con un pequeñísimo número de afiliados cada grupo.

Los sedevacantistas forman un movimiento heterogéneo en el que todos los grupos coinciden en una ideología de mínimos: a) el rechazo de la «misa nueva» (Novus Ordo Missae) que consideran semejante a los cultos protestantes, b) el rechazo al Concilio Vaticano II y su actual vigencia, y c) la calificación de modernistas y protestantes a todos los adherentes tanto al Concilio Vaticano II como al Papa Francisco.

El sedevacantismo niega la validez de todos los pontificados recientes, es decir, el de Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, los dos primeros por haber realizado el Concilio y el resto por mantener su doctrina en vigencia.

En España tenemos al «obispo» excomulgado Pablo de Rojas que mantiene lazos con otros «thucistas» o seguidores del vietnamita Pierre Martin Ngo Dinh Thuc (1897-1984) que, desde Estados Unidos, se dedicó a ordenar sacerdotes y consagrar obispos a todo tipo de personajes sedevacantistas y rebeldes a Roma, incluyendo los obispos de la «iglesia del Palmar de Troya». Pablo de Rojas tiene 29 años y es de Linares (Jaén). Su familia se dedica a los negocios inmobiliarios y a la alta joyería, y él confiesa que vive de rentas. ¡Qué suerte tienen algunos! Pablo de Rojas se hace llamar ‘Su Excelencia Reverendísima Monseñor Pablo de Rojas’.

En fin, mucho ruido y pocas nueces, pues los movimientos cismáticos actuales se caracterizan todos ellos por su marginalidad y escaso seguimiento. Y esto lo sabe el Papa Francisco y ahora también lo saben ustedes. Si surgen algunos más, trataremos de escribir sobre ellos llegado el momento, pues no me gusta publicar nada basado tan sólo en sospechas o presentimientos.

17.- ¿Una "iglesia moderna" se separará de la obediencia de la Iglesia de los dogmas?

Desde 2016 los sectores más integristas de la Iglesia católica vienen hablando de cisma. ¿Por qué desde 2016? Porque en ese año se publica Amoris laetitia («La alegría del amor» en latín), la exhortación apostólica del papa Francisco, hecha pública el 8 de abril de 2016, que hizo temblar los cimientos del integrismo. Veamos algunos ejemplos de catastrofismo:

La culpa es de la "iglesia moderna"

«Yo creo que, al final, habrá un cisma en la Iglesia. Por muy bueno que sea el gobierno eclesiástico, veo inevitable ese resultado final. El barco está escorado y el agua sigue entrando. Al final, una iglesia moderna se separará de la obediencia de la Iglesia de los dogmas. En ese futuro conflicto, la fidelidad a Pedro será la clave para saber en qué lado debemos estar. Las mentes más preclaras observaban cómo se aproximaba el conflicto de 1939. El futuro conflicto eclesiástico tiene el carácter de lo inevitable». […] «Un Papa como Francisco dificulta mucho una rebelión de los ultraprogresistas. En ese sentido, creo que es un Papa óptimo para evitar ese inmenso mal. Aun así, considero inevitable que esa ruptura de la comunión se produzca. Es una cuestión de tiempo». (Blog de D. José Antonio Fortea. Noviembre de 2016. Post eliminado por el autor)

La culpa es de Amoris Laetitia

El obispo Athanasius Schneider apunta a una de las causas. El obispo realizó estos comentarios en una entrevista reciente con la estación de televisión francesa por internet TV Libertes el 4 de diciembre de 2016:

«No solo hay riesgo de cisma sino que ya existe un cierto tipo de cisma en la Iglesia. En griego, cisma significa separarse de la totalidad del Cuerpo. Jesucristo es la totalidad del Cuerpo de la Verdad Divina, y la unidad en Su cuerpo sobrenatural es también visible. Pero hoy estamos viendo una extraña forma de cisma. Externamente, numerosos eclesiásticos salvaguardan la unidad formal con el Papa, a veces por el bien de sus carreras o por una especie de papolatría. Y al mismo tiempo quebraron su unión con Jesucristo, la Verdad, y con Jesucristo la verdadera Cabeza de la Iglesia». […] «Antes que nada, mi cuestionamiento de Amoris Laetitia concierne el asunto concreto de admitir a los divorciados vueltos a casar a la sagrada comunión. De hecho, durante los últimos dos sínodos sobre la familia, y luego de la publicación de Amoris Laetitia hubo, y continúa habiendo, una ardua y tempestuosa lucha sobre este asunto concreto». […] «En cuanto a la doctrina y la práctica relacionada con el sacramento del matrimonio y la inmutable validez de la ley moral, estamos siendo testigos en nuestro tiempo de una ambigüedad de tal alcance, comparable solo con la confusión general de la crisis arriana del siglo VI». (Adelante la fe, 8/12/2016, https://adelantelafe.com/mons-schneider-ya-cisma-la-iglesia/)

La culpa es de los modernistas

Fr. Dwight Longenecker, el 5.03.2017, escribe en su blog (en inglés): 

«La división es muy clara y sin embargo prácticamente tácita. Nadie se atreve a hablar de ello. La división existe entre cardenales, entre obispos y arzobispos, entre teólogos y entre párrocos. Existe también entre liturgistas y catequistas, trabajadores de iglesias, músicos, maestros, periodistas y escritores. (…) No es realmente una división entre conservadores y liberales, entre tradicionalistas y progresistas. Es una división entre quienes creen que Jesucristo es el Hijo de Dios, nacido de la Virgen, y que como la segunda persona de la Trinidad Santa e indivisa estableció su iglesia en la tierra sobrenaturalmente llena del Espíritu Santo que permanecería firme hasta el fin de los tiempos, y los que creen lo contrario. (…) Los que creen lo contrario son los modernistas. Ellos son los que piensan que la iglesia es una institución de construcción humana. Un accidente histórico que ocurrió hace dos mil años y que tuvo éxito por algunos giros del destino y algunas circunstancias felices. Desde esa perspectiva la iglesia “puede” y “debe” adaptarse y cambiar para cada edad y cultura en la que se encuentra. (…) Esta es la gran división. Este es el cisma que ya existe. (…) «Todo lo que se requiere es que cada católico decida en qué lado está». (https://www.patheos.com/blogs/standingonmyhead/2017/03/schism-catholic-church.html)

La culpa es de la "vía sinodal" en Alemania

En una entrevista concedida a La Nuova Bussolla Quotidiana (3/02/20), el cardenal Paul Josef Cordes, presidente emérito del Pontificio Consejo Cor Unum, advierte que la vía sinodal abierta en Alemania abre la posibilidad de un cisma. El purpurado aborda la cuestión del celibato, la comunión de divorciados vueltos a casar, la homosexualidad y la pederastia. (Publicado en https://lanuovabq.it/it/cordes-cosi-la-chiesa-tedesca-rischia-lo-scisma)

El Papa Francisco no le teme a un cisma

¿Por qué el papa Francisco dice que no le teme a un cisma en la Iglesia católica? En primer lugar, porque en la Iglesia católica hubo muchos cismas, algunos muy importantes, y seguirá habiéndolos. Por una u otra razón, los cismas son inevitables. En segundo lugar, porque Francisco conoce perfectamente de dónde provienen los ataques a su persona, a la unidad de la Iglesia y cuál es su «ideología». En tercer lugar, porque la Iglesia católica no es una institución humana más, sino que está fundada por Cristo, que es su cabeza y la roca sobre la que está edificada, aunque muchas veces deje mucho que desear desde el punto de vista humano. 

viernes, 13 de marzo de 2020

16.- El sentido divino del amor humano

¿Cómo es que el Cantar de los Cantares ha sido admitido en el canon bíblico desde el siglo IV, siendo un poema de amor entre una mujer y un hombre con referencias eróticas tan explícitas y metáforas tan atrevidas? El papa Benedicto XVI, en su encíclica Dios es Amor, comparte la interpretación espiritual de los místicos de la Iglesia católica:

«Por eso podemos comprender que la recepción del Cantar de los Cantares en el canon de la Sagrada Escritura se haya justificado muy pronto, porque sus cantos de amor describen en el fondo la relación de Dios con el hombre y del hombre con Dios». (Benedicto XVI, Deus caritas est)

El Cantar es uno de los libros preferidos de los místicos, por ejemplo san Juan de la Cruz. ¿Será que el amor entre la mujer y el hombre que se aman en verdad y en fidelidad puede llegar a ser tan puro y elevado como lo es el amor entre Yahveh e Israel, para los judíos, o entre Dios y el alma, para los místicos?

En el Cantar de los Cantares los amantes experimentan el deseo más vivo e intenso y gozan de su intimidad sexual con alegría e inocencia, en un tiempo idílico en el que las nociones de culpa y de pecado parecen totalmente ausentes. No hay ni el menor asomo de miedo o prevención ante los besos, las caricias ni el placer sexual expresado con las más bellas imágenes y metáforas. Se trata, sin duda, de un poema erótico, pero en ningún modo de un poema lascivo. 

Si bien el Cantar se atribuye a Salomón, esto supondría que la obra debió componerse en el siglo X a.C., cuando el hebreo empleado en el texto no concuerda con el empleado en esa época. Según el biblista Giuseppe Ricciotti, el poema fue redactado en el siglo IV a.C., es decir, seis siglos después de Salomón. Atribuir un libro de la Biblia a un personaje importante y respetado se llama pseudonimia. Poner como autor de un libro el nombre de alguien conocido servía para darle mayor fuerza y trascendencia. Era un procedimiento muy utilizado en esos tiempos, y no denotaba falta de honestidad, como sería en la actualidad.

La interpretación alegórica

La interpretación alegórica fue quizás la más común y la que menos contradecía la teología católica sobre la condición negativa de la mujer, las relaciones sexuales y el amor erótico. Para los judíos, las relaciones amorosas de los dos esposos serían el reflejo de las relaciones entre Yahvé y el pueblo de Israel. Fray Luis de León considera que el Cantar trata del amor entre Salomón y su esposa, la hija del rey de Egipto, que prefigura el entrañable amor que Cristo "siempre tuvo a su Iglesia". Una vez reconocido el sentido espiritual del Cantar, Fray Luis aclara que sus comentarios se limitan al sentido literal, un trabajo "de menos quilates" pero que "no por eso carece de grandes dificultades", un hecho que le valió cinco años de cárcel.

«En este sentido que es espiritual no tengo que tocar, que de él hay escritos grandes libros por personas santísimas y muy doctas que, ricas del mismo espíritu que habló en este libro, entendieron gran parte de su secreto, y como lo entendieron lo pusieron en sus escrituras, que están llenas de espíritu y de regalo. Así que en esta parte no hay que decir, o porque está ya dicho, o porque es negocio prolijo y de grande espacio. Solamente trabajaré en declarar la corteza de la letra, así llanamente, como si en este libro no hubiera otro mayor secreto del que muestran aquellas palabras desnudas, al parecer, dichas y respondidas entre Salomón y su esposa. Que será solamente declarar el sonido de ellas, y aquello en que está la fuerza de la comparación y del requiebro; que, aunque es trabajo de menos quilates que el primero, no por eso carece de grandes dificultades, como luego veremos». (Fray Luis de León, Cantar de cantares de Salomón, Prólogo)

La interpretación literal

Era yo muy joven la primera vez que leí este bellísimo poema, no recuerdo en cuál de mis dos primeras biblias. A esa edad no estaba en condiciones de entender nada, pero sí de apreciar la belleza de un poema de amor cuya inclusión en la Biblia la convertía en un libro desaconsejado para los laicos y todavía más para los jóvenes. Después de conocer ciertas interpretaciones que trataban de contrarrestar el carácter sanamente erótico del Cantar, me he quedado durante años sumido en la confusión y la incertidumbre. Quizás mi problema era el no ser lo suficientemente perfecto y elevado como para comprender su carácter espiritual y, por lo tanto, alegórico, ya que la relación de pareja, incluida su dimensión sexual, estaba vista como algo solamente tolerable dentro del matrimonio y teniendo como objetivo prioritario la procreación. El amor y la unión de los esposos no contaban para nada. Sólo la procreación podía excusar el placer durante la relación más bella, íntima y expresiva del amor entre un hombre y una mujer. Excusar, sí, pero nada más. El matrimonio seguía siendo un "estado de imperfección" en el que sólo tienen valor espiritual la procreación y la educación de los hijos.

Pero, ¿cómo se puede dudar del carácter erótico de un poema en el que aparecen expresiones tan directas y explícitas como estas?

¡Béseme con los besos de su boca! (Cant 1,2)
Llévame contigo, ¡corramos!; condúzcame el rey a su alcoba; disfrutemos y gocemos juntos, saboreemos tus amores embriagadores. (Cant 1,4)
Bolsita de mirra es mi amado para mí: entre mis pechos descansa. (Cant 1,13)
¡Qué bello eres, amado mío, cuán delicioso! ¡Y nuestro lecho es frondoso! (Cant 1,16)
Su izquierda bajo mi cabeza y su diestra me abraza. (Cant 2,6)
En mi lecho, por la noche, buscaba al amor de mi alma; lo buscaba, y no lo encontraba. (Cant 3,1)
Entre mi amado en su jardín y coma sus frutos exquisitos. (Cant 4,16)
He entrado en mi jardín, hermana mía, esposa; he recogido mi mirra y mi bálsamo, he comido mi néctar con mi miel, he bebido mi vino con mi leche. (Cant 5,1)

Hoy el Cantar de los Cantares me ayuda a aceptar plenamente que la Biblia es un libro inspirado por Dios, escrito por hombres, pero no dictado, como algunos tratan de hacernos creer.

¿Cómo iba a quedar fuera de la Biblia algo tan hermoso como el amor entre hombre y mujer creados a imagen y semejanza de Dios?

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó. (Gén 1,27)